viernes, 3 de octubre de 2008

No queremos olimpiadas, queremos revolución!


Recuerdo con emoción el rostro del ”Tibio” Muñoz viendo como era izada la bandera después de ganar el primer oro para México en los juegos olímpicos de 1968. Y qué decir de los 300 metros finales en que el sargento Pedraza arremetía con todo sin poder superar a Golubnichy en la caminata de 20 km. El marchista ruso lo superó por dos segundos.

Hay una tercera imagen imborrable de esa justa olímpica: los atletlas norteamericanos Tommie Smith y John Carlos, ganadores de oro y bronce en la prueba de 200 metros planos, subiendo descalzos al podio olímpico para alzar el puño enfundado en un guante negro y bajar la cabeza mientras sonaba el himno de su país, a manera de protesta por el conflicto racial que se vivía en Estados Unidos. Al día siguiente fueron expulsados del equipo norteamericano y desalojados de la villa olímpica; a su regreso a EEUU fueron tratados como delincuentes y vivieron desempleados durante años. El estigma del black power olímpico le costó el divorcio a Tommie Smith, mientras la mujer de John Carlos optó por el suicidio.

Estos hechos los viví de manera diferida a través de documentales presentados en televisión. Más tarde, durante la adolescencia, tuve conocimiento del movimiento estudiantil que precedió a los juegos olímpicos y cuyo punto álgido tuvo lugar el 2 de octubre, a 10 días de iniciarse la olimpiada, con la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas.

La noche de Tlatelolco se volvió una lectura indispensable y Elena Poniatowska una referencia ineludible. El grito, dirigido por Leobardo López, era la opción más fortuita para acercarse al movimiento a través del cine documental –si no es que la única-, hasta que Canal 6 de Julio realizó una serie de programas en torno al 68, algunas décadas más tarde.

La visión –revisión- del 68 no queda atrapada en el pasado. Los protagonistas han tomado cursos distintos con el pasar de los años: El Tibio Muñoz preside el Comité Olímpico Mexicano; la hegemonía de los marchistas nacionales, que tuvo en el sargento Pedraza a uno de sus pilares, ha desaparecido; la discriminación aún no ha sido erradicada pero Barack Hussein Obama Jr. puede convertirse en el primer presidente afroamericano de EEUU; la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, creada durante el gobierno de Vicente Fox, solicitó, en enero de 2005, la aprehensión de 55 personas presuntamente responsables de la matanza de Tlatelolco e incluso se ordenó la detención y arresto domiciliario del ex presidente Luis Echeverría , pero posteriormente se le exoneró al considerar que no existía ninguna prueba que lo inculpara con la masacre.

A 40 años del 2 de octubre, la matanza goza de impuninad al igual que sus réplicas: Jueves de Corpus, Aguas Blancas, Acteal . Los jóvenes protagonistas del movimiento estudiantil hoy son sesenteros nuevamente, esta vez en edad, y siguen siendo, en su mayoría, opositores al régimen. Dicen que la masacre no significó el fin del movimiento sino el inicio de la lucha por la democracia. La consigna "no queremos olimpiada, queremos revolución" ha evolucionado su estatus local y hoy, en la era globalizante, equivale a "otro mundo es posible". Por ello la frase "Ay José, como me acuerdo de ti en estas Revueltas", mantiene la misma frescura que canciones como Born to be wild y novelas como Cien años de soledad. Independientemente de los distintos y variados juicios existentes sobre el 68 mexicano, el común denominador es que NO SE OLVIDA!

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jueves, 2 de octubre de 2008

2 de octubre no se olvida


Cuarenta años

Columna publicada en el diario Reforma (www.reforma.com)
Por Lorenzo Meyer

El 2 de octubre no debe olvidarse porque los asesinados entonces aún no están plenamente reivindicados

No hay un solo México sino varios. Así, mientras las encuestas nos dicen que uno es aquel donde "El 2 de octubre no se olvida", también hay ese otro al que la fecha le importa poco y, finalmente, existe un tercero que ni idea tiene que el 2 de octubre pudiera significar algo. Este último es el problema de más fondo, pues está conformado por mexicanos que, como resultado de su marginación social, no han tenido la oportunidad de enterarse de que algo significativo sucedió en la fecha que otros no olvidan. Justamente para que no vuelva a ocurrir algo similar a lo acontecido hace cuatro decenios es preciso que, si finalmente alguien desea ignorar hechos como los que tuvieron lugar entonces en Tlatelolco, lo haga conscientemente y no porque su condición social lo mantiene ajeno a un acontecimiento clave en la memoria colectiva ciudadana.

El hecho histórico es inamovible, pero no su significado.

Todo aniversario es una oportunidad para renovar nuestra comprensión y compromiso no sólo con el evento que se rememora sino con su significado. En más de un sentido, el volver la vista al pasado común nos pone frente a una imagen que combina lo que fuimos con lo que somos y lo que deberíamos ser.

¿Quién? ¿Por qué?

Desde luego, todo lo acontecido en el México del 68, particularmente esas dos horas de fuego de la tarde del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, lo examinamos y lo interpretamos desde lo que hoy nos preocupa como resultado de los logros y fracasos que desde entonces hemos tenido como nación.

En este nuevo aniversario sobre ese día trágico en vísperas del inicio de la olimpiada en la que México era el anfitrión -la primera del siglo XX que se llevó a cabo en un país no desarrollado- tenemos que empezar por considerar por qué se nos sigue negando la información básica: ¿Quiénes y de qué manera murieron? ¿Dónde están sus restos? ¿Cuál fue la verdadera cadena de mando y el grado de responsabilidad de cada individuo?, y, sobre todo, ¿por qué se decidió recurrir al asesinato colectivo para reimponer una autoridad? ¿Por qué una manifestación pública de estudiantes desarmados fue enfrentada por el Ejército como si se tratara de un enemigo que se hubiera apoderado de un sitio estratégico? ¿Por qué el gobierno encabezado por Gustavo Díaz Ordaz definió a los jóvenes estudiantes que protestaban por las obvias contradicciones del régimen priista como agentes externos, como enemigos mortales? ¿Cómo explicar la conducta de los actores no gubernamentales más importantes -empresarios, iglesia, medios de comunicación? ¿Por qué los líderes de esos grupos no sólo no cuestionaron las explicaciones del gobierno sino que le ofrecieron su respaldo incondicional? ¿Por qué la comunidad internacional que tan duramente criticaría al gobierno chino por la masacre de la plaza de Tiananmen no hizo entonces lo mismo con la masacre de la Plaza de las Tres Culturas?

Herida abierta

El hecho mismo de que sigan sin respuesta las preguntas básicas y a pesar de que supuestamente el régimen responsable de la matanza ya dejó de existir, dice mucho sobre la naturaleza del presente y, sobre todo, de la complicidad del régimen actual con el régimen responsable de los crímenes del pasado. Tras las derrotas electorales del PRI en 1997 y el 2000, el presidencialismo autoritario culpable de lo ocurrido en Tlatelolco dejó de existir.

El investigar los crímenes del autoritarismo y llamar a cuentas a los responsables fueron compromisos más o menos claros de quienes asumieron la dirección del país tras la salida del PRI de "Los Pinos" a quienes se supuso movidos por el afán de inaugurar una era auténticamente democrática, comprometida con la instauración de una justicia real. Es cierto que se abrieron entonces los archivos de las dependencias oficiales como parte de una política general de "transparencia", pero finalmente las nuevas autoridades no quisieron o no pudieron enfrentarse al pasado. Hicieron a un lado el camino de Sudáfrica -una comisión que hiciera comparecer a los verdugos ante la ciudadanía antes de cerrar la página del "apartheid"- y se optó por uno a la española: mejor no averiguar para no provocar a aquel con quien se ha decidido convivir -el PRI- y cuya colaboración se busca para sobrevivir.

El 27 de noviembre del 2001 Vicente Fox creó, no una comisión de la verdad, sino una pomposa Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) que finalmente desapareció en el 2006 sin haber dado respuesta a las grandes interrogantes, sin haber procedido con éxito contra Luis Echeverría -uno de los grandes responsables de las matanzas de 1968 y 1971- pero no sin haber ocasionado un gasto de por lo menos 300 millones de pesos, aunque el verdadero monto es cifra confidencial (La Jornada, 13 de marzo, 2006). Finalmente, el supuesto nuevo régimen no logró en este campo -como en muchos otros- lo sustantivo: cerrar con un acto de justicia ejemplar algunos de los muchos actos criminales del Estado autoritario priista. La herida sigue abierta. No la han querido cerrar ninguno de los gobiernos que sucedieron a los de Díaz Ordaz y Echeverría, incluyendo a los últimos, los panistas.

Gusto amargo

Sería satisfactorio para los mexicanos actuales poder asegurar, a 40 años de distancia, que los jóvenes sacrificados en el 68 y el 71 están finalmente reivindicados porque la realidad que ellos cuestionaron ya no existe. Desafortunadamente no es el caso.

En primer lugar, el fin del dominio del PRI sobre la Presidencia se explica menos como resultado de un rechazo generalizado por lo que hizo en el 68, el 71 y en los años de la "Guerra Sucia" -que también tocó a sectores populares- y más como consecuencia de la gran crisis económica de 1982. El neopanismo que tomó el relevo de un PRI agotado y desgastado por un largo ejercicio monopólico del poder surgió menos como un reclamo contra el autoritarismo y más como un rechazo al pésimo manejo de la "economía presidencial". La irresponsabilidad y la corrupción del priismo echaron a perder el famoso crecimiento promedio del 6 por ciento anual. La mediana y pequeña empresa se sintieron en peligro de muerte, sobre todo cuando el neoliberalismo salinista desembocó en el desastre de 1995 y en el Fobaproa. Fox se ofreció para encabezar "un gobierno de empresarios para empresarios" que pusiera orden. "Los Amigos de Fox" y parte de la clase media decidieron abandonar el barco priista y saltar al panista. Para ellos saldar las cuentas con el 68 no fue nunca una prioridad y el resultado de la Femospp es la prueba objetiva de ello.

En segundo lugar, la naturaleza misma del nuevo régimen no pertenece al género de la democracia política auténtica, que sigue siendo una meta por alcanzar. El PRI aún gobierna en 18 estados y algunos de ellos mantienen intacta su esencia original, justamente esa que llevó a los estudiantes del 68 y del 71 a la protesta pública y a los guerrilleros de los setenta a poner la vida en prenda en su intento por prender la llama que consumiera al régimen. Por otro lado, la corrupción que caracterizó al autoritarismo del pasado se mantiene como el signo de los tiempos. La demanda de un México socialmente más justo no es, ni de lejos, una de las preocupaciones efectivas de los responsables de dirigir la acción de un poder público.

Finalmente, está el problema de la opción, el problema de la izquierda. El movimiento del 68 fue la izquierda del México posrevolucionario en uno de sus mejores momentos. Una izquierda movida menos por una ideología coagulada y dogmática y más, mucho más, por la generosidad, la confianza en lo digno de la causa y la alegría de imaginar como posible un México muy distinto al existente: uno no autoritario, no corrupto, genuinamente soberano, capaz de hacer un esfuerzo para dar sentido al término solidaridad social y revertir la tendencia a la desigualdad. En contraste, la izquierda de hoy, al menos la que está en las estructuras de los partidos, en el Congreso, en los gobiernos de ciertos estados, en municipios y delegaciones capitalinas, es casi la antítesis de la que desde un movimiento sin burocracia retó a la estructura de autoridad de hace 40 años.

En suma

El 2 de octubre no debe olvidarse porque la razón de ser del movimiento que entonces fue reprimido sigue sin cumplirse a plenitud. Los sacrificados del 68 continúan sin estar plenamente reivindicados y es justamente por eso que sólo nosotros aquí y ahora podemos dar un sentido positivo a la vileza que hace 40 años se cometió en nombre de una falsa razón de Estado.

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sábado, 6 de septiembre de 2008

El Laberinto de la Osledad


La aguda disección de la política mexicana ejecutada por Rodolfo Usigli, a través de una dramaturgia sin inhibiciones, fue recompensada con 15 años de ostracismo diplomático repartidos entre Líbano y Noruega de 1956 a 1971. En ese período acuñó los términos beirutitis y osledad.

El escritor chileno Alfonso Freire también vivió su exilio en Noruega; de ahí el título de su poemario Osledad, publicado en 1994.

Este blog no es un Salieri de Usigli ni plagiario de Freire; somos, simplemente, copartícipes de la osledad. Nuestra expatriación es voluntaria pero no indolora; como a ellos, algo más que la inmensidad del Atlántico nos separa de nuestra Tierra.

La distancia nos remite al laberinto de los recuerdos, ese sitio intangible donde todo suele ser mejor de lo que era. Ahí nos entregamos al gozo del pretérito para darle pausa a la osledad del presente. El laberinto tiene salidas, pero las evitamos.

Osledad no se límita a la falta de compañía, es un estado de ánimo, un ejercicio de nostalgia, la reafirmación de ser mexicano por medio del cotejo involuntario entre la cultura que nos forjó y la que hoy nos alberga: no comemos kebab por devoción a la gastronomía pakistaní, sino como sustituto de tacos al pastor una noche de juerga. Y soñamos con acudir al tianguis del sábado para desayunar una barbacoa con mucho limón, cebolla y salsa de tres colores, pero despertamos a la realidad de pan en rebanadas con leverpostei y brunost.

Al usar transporte público se extraña la costumbre machista de ceder el asiento a las mujeres, aunque ésta sea una práctica en extinción. También se echan de menos los radios mal sintonizados, donde cumbias y boleros asemejan más el sonido de moscas agonizando en un Insectronic que una melodía.

Osledad es repensar el histrionismo de Pedro Infante, la sensibilidad de Juan Gabriel y los murales de José Clemente Orozco. Osledad es cerrar los ojos y acudir a Palenque, Janitzio y terminar en Puente de Hojuela. Osledad es coincidir con López Velarde: la Patria es impecable y diamantina, y hacer uso de instrumentos de tortura como Canción Mixteca: qué lejos estoy del suelo donde he nacido, y Mexico lindo y querido: que digan que estoy dormido, y que me traigan a ti.

En este laberinto el triunfo olímpico, los estragos del cáncer criminal y el debate político, se viven desde la gélida perspectiva otorgada por el ordenador. En sus encrucijadas tropezamos con imágenes de culto: Santo, la Guadalupana, Zapata, Frida, el Niño Fidencio y Kalimán. Extraviarse en sus senderos conduce al delirio y nos convierte en personajes rulfianos de Comala, donde vida y muerte son sinónimos, porque sin flor de calabaza, ferias de pueblo, motitas de sabores, toques de cantina, ropavejeros y Chaparritas del naranjo, la vida pierde esencia.

El Laberinto de la Osledad no es sólo un cúmulo de recuerdos y deseos, también es esa vena abierta por la lejanía de la familia y los amigos. El auricular que nos une o nos separa, sólo es el consuelo ante la imposibilidad de poder tomar la mano de la madre mientras la escuchamos, esperando una pausa para besarla. La distancia genera ambivalencia, como cuando nuestros hijos tienen una conversación telefónica con su abuela y todo lo que logran decir es “hola”. Se agradece el vocablo y el corazón se hincha orgulloso a pesar de tener claro que un diálogo de esa naturaleza refleja un precario español, y más triste aún, escaso conocimiento o interés por la otra parte de la familia. El rigor de la lejanía tiene su faceta más cruda cuando los 1000 km/h de una aeronave no son suficientes para acudir a despedirse puntualmente del padre, la hermana o el amigo, ante su partida final.

La osledad no es una tragedia pero se sufre como esas enfermedades pasajeras que vienen y van. Parafraseando a Cristina Pacheco: Aquí nos tocó vivir. Y no está mal, y si lo está debe ser un mal necesario. De todos modos dicen que no hay mal que dure cien años. No habrá Cien Años de Osledad. Pero México, Mexiquito, si resultara longevo y si vivo cien años, cien años pienso en ti.

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sábado, 30 de agosto de 2008

El país de la impunidad. Parte II.


Cuando escribí la primera parte de esta entrada, decidí dividirla en dos porque me pareció que el tema daba para mucho. De hecho, no tenía ni la menor idea de lo que iba a escribir en la segunda parte, pero pensé que los acontecimientos en México seguirían dando para comentar al respecto. Desafortunadamente así ha sido…

Estos días se comenta mucho el caso de la joven Silvia Vargas Escalera, hija del ex titular de la Conade, Nelson Vargas. La chica, estudiante de 18 años de edad, fue secuestrada hace casi un año aunque su caso apenas salió a la luz pública. Sus padres no han vuelto a oír nada de los secuestradores desde hace once meses. La fotografía que ilustra esta entrada es tomada de la enorme manta que los padres de Silvia mandaron colocar en un edificio en Paseo de la Reforma y Circuito Interior, en la Ciudad de México. No puedo imaginarme lo que debe ser vivir durante un año sabiendo muy dentro de ti que tu hijo o hija ha muerto, pero al mismo tiempo manteniendo un débil rayo de esperanza de que algún día se hará el milagro y tocará a la puerta de la casa.

Y me parece inevitable preguntar: ¿Qué clase de desalmado puede cometer un delito de esta naturaleza? ¿Cómo puede una persona llegar a tomar la determinación de arrancar lo más valioso que puede tener una persona en esta vida, y con la sangre fría terminar con su vida, la más de las veces después de haber recibido el pago acordado?

Por supuesto que siempre ha habido gente mala desde los albores de la humanidad, en todas las culturas y civilizaciones, y estoy consciente que la historia detrás de los pueblos no ha sido la misma, y por lo ello hay sociedades en donde el delito raramente se da, mientras que en otras es el pan de cada día. Pero que México haya llegado al grado de ocupar el primer lugar en secuestros a nivel mundial, el que la industria del secuestro y el narcotráfico hayan alcanzado los niveles de hoy día, el que tanta y tanta gente se beneficie con este tipo de actividades a costa del sufrimiento de gente inocente, simplemente rebasa mi capacidad de entendimiento.

¿Dónde estuvo el error? Dónde quedó la solidaridad de que tanto presumíamos los mexicanos? ¿Qué fue lo que hicimos mal para llegar al punto de hacernos esto a nosotros mismos? Porque quienes cometen estos delitos también se criaron en nuestra tierra, también comen arroz y frijoles, van a misa, tienen familia y ven el fútbol.

Me declaro incapaz de responder a estas preguntas…

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martes, 19 de agosto de 2008

Let's do The Mexican Wave!


Varios medios de comunicación han destacado que la llamada ola mexicana ha sido reprimida durante los juegos olímpicos realizados en Beijing, donde sólo se ejecuta si las autoridades lo sugieren por medio de las pantallas montadas en los estadios.

La ola mexicana tiene su origen en el mundial de fútbol México 86. Su primer puesta en escena tuvo lugar durante un partido amistoso entre las selecciones de México y Argentina, realizado en Monterrey previo a la copa del mundo. Pero este ejercicio de masas no es un invento del público mexicano; en los Estados Unidos de Norteamérica ya llevaba algunos años de ser practicada en la celebración de partidos de béisbol de las Grandes Ligas. Sin embargo, ni el llamado rey de los deportes ni el título de campeón mundial que los estadounidenses otorgan al ganador de su torneo de béisbol, le dieron a la ola la proyección internacional que obtuvo en nuestro país.

Con el paso del tiempo la ola invadió otros escenarios, como el de los conciertos de rock. U2 se presentó por primera vez en México una noche de noviembre de 1992. La ola, los encendedores y los desaforados gritos de culeeeros, culeeeros propiciados por el público exigiendo una o varias canciones más, una vez concluido el repertorio de los irlandeses, fueron definitivos para que, cinco años más tarde, U2 escogiera a México –Foro Sol- como la sede donde se filmaría un concierto de su gira que posteriormente resultó en el lanzamiento de un DVD titulado POPMart Live From Mexico City.

En julio de 2005, dentro de su Vertigo Tour, U2 se presentó en el Valle Hovin Stadion de Oslo. Las crónicas de los diarios noruegos reseñaron una noche inolvidable donde la entrega de la banda y el público fue mutua. Entre los concurrentes hubo algunos amigos mexicanos y su punto de vista no coincidía con el de los medios. Me contaron que, en la mayor de las euforias, el público noruego se contentó con aplaudir y tal vez lanzar un sílbido de júbilo. Nada de olas, nada de gritos y sí muchas quejas contra los mexicanos que intentaban un brinco o un poco de baile ante los guitarrazos de The Edge.

Una de mis primeras visitas a esta tierra tuvo lugar semanas antes de arrancar el mundial de Francia 98. Me tocó presenciar un partido de preparación entre los representativos de Noruega y México en el viejo estadio de Bislett, que terminó en triunfo para los locales. El inmueble contaba con escasas butacas y la mayor parte de sus tribunas eran de concreto, lo cual le daba, hasta cierto punto, un parecido a las del Estadio Olímpico Universitario (CU). Los boletos se agotaron apenas fueron puestos a la venta gracias a la fiebre mundialista y, en parte también, por la atracción que despertó la presencia de el Matador Luis Hernández, quien por cierto no jugó. Faltaban alrededor de diez minutos para que arrancara el peloteo y aún quedaba gente por ingresar al estadio pero ya no había espacio; entonces vino un anuncio por los altavoces recordándole a los asistentes que, con excepción de los afortunados que contaban con butaca, en el resto de las tribunas el partido debería observarse de pie. No hubo reproche alguno, todo mundo se levantó y la totalidad del público con boleto pagado presenció el encuentro desde su inicio. No hubo olas.

No fue en China ni reprimieron la ola; sucedió en Oslo con un ula ula. El viernes pasado recogí a mis hijos en el barnehage y mi princesita, de casi 5 años, no me recibió con un beso sino con un ula ula al más puro estilo de un vaquero lazando un potro salvaje. Como no logró someterme solicitó la ayuda de cuatro amiguitas, así que yo pedí el apoyo de mi hijo, de apenas 2 años, quien a su vez fue reforzado por dos colegas igual de ancianos. Ellas jalaban a la izquierda y ellos a la derecha; al ula ula lo recorrí del cuello a la cintura para evitar heridas de esas que terminan en primera plana. La lucha alcanzó un nivel de catarsis como el de los deportistas olímpicos que desgarran un grito desde lo más adentro antes de ejecutar el lanzamiento de bala. Todo era gritos y risas, risas y gritos hasta que llegó una asistente, la más joven del barnehage –no creo que pase los 25- y con voz autoritaria lanzó un basta! Consideró que la diversión había alcanzado niveles de escándalo y decretó el alto al juego. Como no entendí si intentaba ayudarme, no le dí las gracias. Tampoco estaba seguro de que el reproche me incluyera a mí, así que no me disculpé.

No solamente soy el único papá mexicano en el barnehage al que asisten mis hijos, sino el único extranjero –suecos y daneses no cuentan- y el único papá al que otros niños tratan como a un amigo. Lo del viernes, no sé, para mí fue divertido, tal vez un poco ruidoso pero para nada un acto que alterara el orden de las cosas. O tal vez sí, por eso hoy he decidido que este viernes también será viernes de ula ula en el barnehage. Las asistentes tendrán que acostumbrarse a la ola mexicana.

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viernes, 15 de agosto de 2008

El país de la impunidad. Parte I.


Sin lugar a dudas, una de las principales razones por la que muchos de los mexicanos "exiliados" en Escandinavia hemos decidido quedarnos aquí es la seguridad. Por ello, me parece ineludible participar en el debate nacional en torno a la inseguridad que se ha desarrollado en nuestro país de origen en los últimos días.

Todo comenzó a raíz del secuestro y asesinato de Fernando Martí, hijo del empresario Alejandro Martí. El país quedó conmocionado por la cruel manera en que la “Banda de la Flor” asesinó al joven de tan sólo 14 años, aún cuando la familia pagó el rescate acordado. Lo peor de todo es que los principales sospechosos del secuestro – arraigados en este momento – son miembros de corporaciones policiacas.

El Presidente Calderón llama a implementar la cadena perpetua a secuestradores y a formar un frente común en contra de la delincuencia. Asociaciones civiles llaman a la ciudadanía a participar en marchas y los medios de comunicación transmiten constantemente el grito de ¡Ya basta!. Y mientras esto ocurre, los asesinatos y secuestros siguen dándose al por mayor en todo el territorio nacional.

Las cifras son contundentes. El número de secuestros aumentó en un 35% en 2007 con respecto a los llevados a cabo en el 2006, para un total de 7000 secuestros registrados. Como es sabido, gran parte de los secuestros no son denunciados, con lo que esa cifra tranquilamente pudiera duplicarse o triplicarse. Pero con los 7000 nos basta para que México ocupe ya el deshonroso primer lugar en número de secuestros a nivel mundial. Así es, México les ha arrebatado ya la medalla de oro a países como Irak, Colombia, Sudáfrica o Pakistán.

Asimismo, debemos entender que éste no es un problema exclusivo del D.F. o de la franja fronteriza en el Norte. De acuerdo con las cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Tlaxcala es la entidad federativa que más secuestros presentó en el 2007, apenas por encima del Estado de México. Incluso la tranquila Aguascalientes, segunda ciudad con el mayor nivel de vida del país, ha sido testigo de 3 levantones en las últimas dos semanas.

Volviendo al caso de Martí, me recuerda mucho el asesinato de Paco Stanley; no por el crimen en sí, sino por la respuesta de la ciudadanía, de los gobernantes y de los medios de comunicación. En aquél entonces, también hubo una indignación general por el asesinato, los medios y partidos buscaron sacar raja política del hecho, mientras que las autoridades se “echaron la bolita” unas a otras. También hubo marchas, también se escucharon muchos ¡Ya basta! y también se demandaron penas más severas a los delincuentes. Diez años después, las cosas están peor que nunca.

Por ello, el camino que propone Calderón no me parece el adecuado. ¿De qué sirve endurecer las penas, si los delincuentes se pasean por la calle como si nada? ¿o acaso no sabe Calderón y todos los que apoyan su propuesta que en México un delincuente tiene más del 98% de probabilidades de no ser detenido? Los delincuentes tiene prácticamente nada que perder, y sí mucho que ganar al decidirse a cometer un ilícito de estas magnitudes, y ese es el verdadero problema, el que México tiene que resolver – ahora sí – con apremiante urgencia: el problema de la impunidad.

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lunes, 4 de agosto de 2008

Los relámpagos de julio


Al final de "Los relámpagos de agosto", a manera de anexo, Jorge Ibargüengoitia dedicó un apartado a "los ignorantes en materia de historia de México” para ubicar al lector aludido en el contexto que enmarca su novela.

En Oslo los relámpagos cayeron una noche a finales de julio. Precedieron una tormenta que tomó a todos por sorpresa, particularmente a quienes prolongaron el acto de å kose seg con una cerveza buscando mitigar el calcitrante calor de los últimos días.

Alguien en el trabajo comentó, un tanto quejumbroso, que ya habíamos tenido dos semanas de verano caluroso este año (?!). Me limité a contestar que el año se compone de 52 semanas y el verano abarca tres meses (al menos en el calendario).
Cuando llueve con ganas los noruegos suelen decir det regner hunder og katter, haciendo la réplica del it’s raining cats and dogs inglés. Los mexicanos decimos cosas como se está cayendo el cielo o ya se encabronó Tláloc.

Recuerdo aguaceros acontecidos en mi infancia. Sin falta fallaba la luz y varias calles quedaban inundadas. Recurrir al cliché parece que fue ayer carece de efectividad por la vigencia de los apagones y las inundaciones, aunque no sé si actualmente algunos adultos siguen sugiriendo, como entonces, quemar las cruces de palma que puntualmente habían sido compradas el Domingo de Ramos en el atrio de la iglesia, considerando que ese acto haría cesar la lluvia. Nunca funcionó dicho rito.

Héctor García tiene una memorable fotografía conocida como “Tláloc”, donde se ve a un hombre de aspecto campesino parado a mitad de un crucero inundado. Esa imagen fue tomada en 1960, cuatro años más tarde Tláloc, el Dios de la lluvia, o mejor dicho el monolito que lo representa, fue trasladado de Coatlinchán al Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México.

Los pobladores de San Miguel Coatlinchán dicen que el día de que se llevaron a Tláloc dejó de llover en el pueblo y el campo se secó. En cambio, a su llegada a la capital, las 165 toneladas del monolito averiaron la tubería provocando una inundación que, por si fuera poco, se vio acompañada de una tormenta que dio la bienvenida al Dios de la lluvia.

Hay quién dice que el día que nació Pancho Villa también hubo tormenta. Yo no lo sé de cierto, como tampoco sé porqué los noruegos no hacen referencia a Thor cuando hay truenos. Lo que sí sé es que al momento de escribir el borrador de este texto no hay relámpagos. Son casi las ocho de la noche y aún disfruto del sol sentado en la banca de un parque. A mi lado hay jóvenes noruegos bebiendo cerveza Corona y pienso inevitablemente en México, en su verano, en sus días de lluvia y en la cerveza Victoria.

Ahora yo también, tengo ganas de llover.

Publicado por Chilangoslo

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viernes, 1 de agosto de 2008

¿El fracaso se aproxima?


A escasos días del inicio de la máxima justa deportiva veraniega (dejemos de lado al Mundial de Fútbol por un momento), éste es el momento perfecto para hacer las apuestas y tratar de contestar la inevitable pregunta: ¿cuántas medallas conseguirá México en los Juegos Olímpicos de Beijing?

La famosa revista deportiva Sports Illustrated estima que la delegación mexicana ganará 4 medallas: dos en clavados y dos en taekwondo, ni una de ellas de oro. A mí me parece que el análisis no está lejos de la realidad, y en una de esas, peca un poco de optimista.

Nuestras mejores cartas están si lugar a dudas en los clavados, donde Paola Espinosa es candidata para ganar medalla, e incluso para colgarse una segunda presea en los clavados sincronizados junto con Tatiana Ortiz. El gran problema para estas dos excelentes clavadistas es que sus más temidas rivales son precisamente las chinas, quienes jugando de local difícilmente dejarán escapar el oro. No olvidemos lo ocurrido a Carlos Girón en Moscú 80, cuando le fue robada la medalla de oro para favorecer a un clavadista ruso, a quien incluso se le permitió que repitiera uno de sus clavados.

¿Qué hay de los otros deportes? En taeknowdo María Espinoza ya sabe lo que es ser campeona del mundo en su especialidad, misma hazaña que consiguió Everardo Quirino en el remo, quien por cierto es un admirable deportista que ha luchado contra todo tipo de adversidades. Seguro que ambos se colarán a las finales y tienen posibilidades de pelear por las medallas, pero la lucha no será nada fácil.

Y prácticamente es todo. Salvo alguna gran sorpresa en tiro con arco o boxeo, no podemos esperar mucho más de nuestros deportistas. Pero ¿porqué tiene que ser así? ¿porqué después de tan buena actuación en Sídney y un aceptable papel en Atenas, ahora las cosas pintan tan mal?

El problema está en la gente de pantalón largo. Los federativos que sólo están interesados en hacer carrera política o perpetuarse en sus puestos, burocracia, corrupción, ineptitud. Un Carlos Hermosillo que si como delantero era malo, como dirigente del deporte de México no tiene nada que hacer. Un tal Jorge Toussaint que simplemente destrozó el poco basquetbol que se jugaba en México, todo por intereses personales. Asociaciones que nombran a los federativos de su conveniencia, en vez de colocar a gente capaz. No existe el interés por descubrir y generar talentos, por preparar buenos entrenadores, por renovar las instalaciones que ya se caen de viejas.

Noruega, un país con 4 y medio millones de habitantes, ganó 5 medallas de oro en Atenas. ¿Se imaginan el potencial que existe en México, la cantidad de medallas que se podrían ganar si las cosas se hicieran, ya no digamos bien sino medianamente?

Pero como siempre, los deportistas mexicanos que sobresalgan en Beijing lo harán gracias a su esfuerzo individual, el apoyo de sus padres y en algunos casos de sus entrenadores, porque el apoyo institucional, ese simple y sencillamente no existe.

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Videogalería

México vs. EUA (Eliminatoria al Mundial 2010)

Resumen del dramático partido contra los gringos jugado el 12 de agosto en el Estadio Azteca, en el que México se jugaba la vida ...

Noruega vs. Escocia (Eliminatoria al Mundial 2010)

Ese mismo día, también Noruega se jugó su última carta para manterner sus posibilidades vivas para asistir a Sudáfrica.