Publicado originalmente en el diario La Jornada
Por Juan Manuel Vázquez
Unas horas antes de que el comandante Ernesto Che Guevara entrara a La Habana tras la huida del dictador Fulgencio Batista, el primero de enero de 1959, en las calles de esa ciudad, Santo, El Enmascarado de Plata cayó en las garras de un grupo de maleantes, donde un científico demente lo obliga a robar una fórmula para la desintegración molecular, lo que desencadena una batalla campal para evitar que el letal invento terminara en poder de una potencia extranjera.
Lo que parecía un libreto absurdo salido de la retorcida mente de un guionista, en realidad fue una broma del azar que hizo coincidir en tiempo y espacio el nacimiento de dos mitos: el del Che como héroe de la revolución y el de El Enmascarado de Plata, que debutó en el cine con Santo contra el cerebro del mal y Santo contra los hombres infernales, filmadas simultáneamente en Cuba en aquel histórico diciembre de 1958.
En el ambiente se respiraba la tensión por el inminente arribo de las tropas rebeldes, los integrantes de la producción mexicana, dirigida por Joselito Rodríguez, con gran nerviosismo redoblaron esfuerzos y apresuraron las últimas escenas, inclusive descuidando detalles, con tal de salir lo antes posible de Cuba.
Del sepia a la pantalla de plata
Tras esa primera experiencia cinematográfica, El Santo se encargaría de defender a los desprotegidos, de enfrentar las más bizarras expresiones del mal: vampiros, zombies, cíclopes, marcianos, momias y un sinfín de monstruos y maleficios, entre los que se incluyó la seducción femenina, y con ello, se consagró ante un público devoto.
A 25 años de la muerte de Rodolfo Guzmán Huerta, El Santo adquirió así dimensiones de mito en la cultura popular mexicana, y empezó a producir su propia mitología, a caballo de una carrera exitosa ante un pueblo que lo idolatraba y de los abundantes relatos que paulatinamente enriquecieron el significado del personaje.
Nació en las arenas, pero empezó a construirse como leyenda multimedia en la historieta de José G. Cruz: Santo. El Enmascarado de Plata. ¡Un semanario atómico! –iniciada en 1952, y que alcanzó tirajes de 300 mil ejemplares–, donde un superhéroe católico y conservador, combatía contra el mismísimo Satán, y no con superpoderes, sino con la protección de una imagen de la Virgen de Guadalupe que siempre llevaba entre sus ropas.
Y del papel sepia a la pantalla de plata, donde filmó 53 películas que fueron blanco de severas críticas por su cuestionada calidad y, al mismo tiempo, celebradas por el público y por una industria en crisis que encontró en El Enmascarado de Plata una tabla de salvación.
“Que me critiquen, no estoy haciendo cine de arte ni estoy concursando en ningún festival, esto que hago es para mi público y porque a la gente le gusta”, respondía El Santo.
Quizá porque el propio Santo se sentía cerca del pueblo que lo encumbró –recuerda El Hijo del Santo–; por eso cambiaba la máscara por una gorra y disfrutaba de acudir con su familia a ver sus propias películas.
Ese estigma “populachero” persiguió también a la actriz Lorena Velázquez, quien protagonizó cinco filmes junto al enmascarado, los cuales la inmortalizaron como Chica-Santo.
“Me hicieron burla, y hasta perdí un novio. Sí, me daba pena porque yo venía de estudiar en Bellas Artes, pero al final mi trabajo con El Santo tuvo mucha trascendencia”, reconoce la actriz, recordada por el Santo contra las mujeres vampiro, de 1962.
La leyenda de máscara
El misterio de la máscara no llegó por revelación a Rodolfo Guzmán, y la primera cubierta era verdaderamente espantosa: un grotesco rostro fabricado con cuero de cerdo, que al sudarla se volvía insoportable.
La creencia popular decía que El Santo nunca se quitaba la máscara ni para bañarse ni para dormir, además de que se dice que nunca reveló su verdadero rostro hasta que apareció en el programa Contrapunto, de Jacobo Zabludovsky, tras lo cual murió días después.
Como leyenda funciona, aunque Rodolfo Guzmán cuidó con esmero este misterio, además de que desarrolló habilidades extraordinarias para cambiar de personaje en las situaciones más inverosímiles, lo cierto es que mucha gente lo conocía sin máscara.
Con todo, era célebre la habilidad de Rodolfo Guzmán para convertirse en El Santo en un parpadeo, y cuando estaba en riesgo su identidad era capaz de cambiar tres o cuatro veces de taxi. No obstante, era de dominio público el domicilio del luchador, en Tulyehualco, e inclusive las combis que pasaban por enfrente anunciaban: “¡Parada casa de El Santo!”.
Del cine piojito a la sala de arte
El lance más asombroso de El Santo es el que lo saca de las salas pringosas de muégano y cáscara de pepita y lo lleva a los circuitos del cine de culto, donde minorías ilustradas encuentran nuevas lecturas del personaje y de toda la estética en este género de películas.
A esta especie de canonización también la han acompañado versiones no del todo verídicas, considera Orlando Jiménez, investigador especializado en lucha libre, según las cuales mientras en México el cine de luchadores era considerado de la peor calidad, en Europa era celebrado como piezas de arte. Otra vez el mito.
Todo empieza con una reseña que apareció en la revista francesa Midi-Minuit, en un número dedicado al cine fantástico, publicado en noviembre de 1965. Ahí, el crítico Luis Gasca reseña una retrospectiva de cine fantástico durante el festival de San Sebastián, de ese mismo año.
Gasca cuenta con cierta picardía que tras abusar de la sangría típica de la región, se proyectó en ese ciclo Santo contra las mujeres vampiro, de Alfonso Corona Blake. El texto hace una rápida comparación de El Enmascarado de Plata con un ídolo galo de los años 50, conocido como el Ángel Blanco, y destaca la carga erótica representada por la chicas chupasangre, así como la tímida insinuación lésbica del filme.
Décadas después, otra publicación francesa se ocupa del cine de El Santo, aunque esta vez es menos generosa. La revista Mad Movies, aparecida en 1978, se dedica al génesis del fantástico mexicano, y la pluma de Stephane Bourgoin se ensaña describiendo los errores de producción de esas cintas y echa todo el género de luchadores en el costal maldito del cine de bajo presupuesto.
“Son de una mediocridad constante”, dice Bourgoin, quien sin embargo, admite, “pese a todo, tienen cierto encanto”.
En esta redefinición de El Santo, como mito y personaje contemporáneo, intervienen las tendencias culturales que caracterizan a las generaciones de los años 90, considera Itala Schmelz, directora del Museo de Arte Carrillo Gil y organizadora de la retrospectiva de ciencia ficción mexicana El futuro más acá.
“De repente mi generación está buscando otros iconos para identificar a la patria, quizá ya no los símbolos de antaño, más pueblerinos, sino unos populares que le parecen muy cool; un valor muy retro, traer una estampilla de El Santo. Los diseñadores para parecer muy mexicanos empiezan a retomar esta iconografía, un fenómeno muy de los años 90.
“En parte es la necesidad de identificación, donde tiene mucho que ver la nostalgia posmoderna en la revalorización de los luchadores. Sin perder de vista el trabajo muy serio que han hecho los investigadores para documentar la historia de la lucha libre, así como de todo lo que está detrás”, añade Schemelz.
Santo copyright
Un día, Rodolfo Guzmán le pidió al menor de sus hijos que lo acompañara a una función que protagonizaría en la arena El Cortijo. El pequeño niño de siete años nunca había visto luchar a su padre; sabía que era El Enmascarado de Plata, pero no tenía claro lo que eso implicaba.
Y ocurrió un milagro al llegar a la arena: el pequeño de los Guzmán fue testigo de cómo su padre desaparecía para trasmutar en Santo, El Enmascarado de Plata; mientras la gente se arremolinaba para golpear el toldo donde viajaba el ídolo y gritaban “Santo-Santo-Santo”, todo era un caos.
Así recuerda El Hijo del Santo el momento en que entiendió la dimensión del trabajo de su padre. Y más tarde fue el único de los cinco hijos de Rodolfo Guzmán que decidió continuar la leyenda, en 1982.
“Nunca dudé ni tuve miedo de que mi padre pudiera hacerme sombra. Ahora es mi guía por todas las cosas que viví con él y que me enseñó en vida.”
El Hijo del Santo ha velado por el nombre de su padre sobre los enlonados y en la más violenta de las arenas: el mercado.
“Si mi papá viviera estaría feliz con lo que estoy haciendo porque fue un patrimonio que dejó para sus hijos, aunque a la mejor no todos tuvieron esa visión, pero yo sí… Nadie sabe lo que es subirse al cuadrilátero a defender la máscara de El Santo, más que él y El Hijo del Santo.”
Los derechos sobre El Santo, le han generado problemas no sólo con la piratería común, sino incluso pleitos familiares y legales, cuando su sobrino, Axel, quiso luchar con el nombre de El Nieto del Santo.
“Él es nieto de Rodolfo Guzmán, eso nadie se lo quita, pero tanto El Hijo del Santo, como El Nieto del Santo son personajes registrados”, dice el heredero de la máscara, y advierte que no dejara que El Santo esté en manos de todos, porque no es del dominio público.
Sin embargo, un cuarto de siglo después de la muerte del luchador que le dio vida a El Enmascarado de Plata, la máscara sigue viva en la galería multicolor del imaginario mexicano, donde aún resuena en la arena el inolvidable grito de “Santo-Santo-Santo”.
jueves, 5 de febrero de 2009
A 25 años de la desaparación del Enmascarado de Plata
jueves, 22 de enero de 2009
Entregas postergadas II. De Año Nuevo: Chacahua
“Sólo para la muerte no hay envidia”. Este aforismo es mi primer recuerdo filosófico de Chacahua; estaba escrito en el costado de una lancha que había visto pasar sus mejores días y ahora descansaba boca abajo en un terreno baldío, asumiendo la función de monumento que engalana la avenida principal y da la bienvenida al visitante. Pero ahí no había ninguna avenida, tan sólo una vereda de arena flanqueada por viviendas construidas rústicamente con madera y palma, que desembocaba en la playa. Esta primera impresión, posterior al viaje en la lancha cooperativa que nos llevó de Zapotalito a Chacahua, atravesando la magia de sus lagunas, era una respuesta contundente a nuestras aspiraciones en el primer viaje que realizamos juntos: estábamos en el lugar correcto.
Viajamos con motivo de Año Nuevo y, por la fecha, parecía que celebrábamos de acuerdo a la tradición de la Iglesia Ortodoxa y no siguiendo el calendario gregoriano, al estar más próximos al 14 que al 1º de enero. El retraso en la partida fue con la intención de evitar el conglomerado de vacacionistas, en su mayoría jóvenes entre 20 y 30 años, que suelen invadir esta playa apenas pasada la navidad y la abandonan acudiendo al llamado de la rosca de reyes. El viaje era una especie de luna de miel y queríamos disfrutar sin tumultos el paraíso que nos habían platicado.
Chacahua no contaba con hoteles, las alternativas de hospedaje consistían en montar una tienda de campaña, abandonarse a una hamaca o rentar una cabaña con algo parecido a un colchón a la orilla de la playa. Optamos por esta última modalidad. El trato lo hicimos con Doña Juana, quien también nos ofreció los servicios de su palapa para consumir bebidas y alimentos. Todavía hay días que despierto con la ansiedad de desayunar unos huevos oaxaqueños acompañados con tortillas hechas a mano, como los ofrece la Doña en su restaurante.
Juana tenía un físico atípico para las oaxaqueñas: era alta y corpulenta. Con su carácter fuerte dominaba a sus tres hijos, dos de ellos adultos, e incluso sometía el machismo de su marido. Al paso de los días nos ganamos su confianza y terminamos ayudándole a hacer algunas cuentas de su establecimiento, porque las cifras de tres dígitos le complicaban la existencia. Nos llamaron “los noruegos” luego de enterarse del país de origen de mi mujer. Fue el marido de la Doña quien preguntó de dónde veníamos: “Noruega, Noruega…”, repetía mientras miraba pensativo el techo de la palapa, como si ahí viera un mapamundi en el que buscaba ubicar Escandinavia. “Noruega!”, exclamó, “los que pelearon contra Estados Unidos”. Uniendo cabos entendí que el marido de Juana había confundido a Noruega con Manuel Antonio Noriega, el excomandante y dictador vinculado al narcotráfico, que provocó la cuestionable invasión militar de Estados Unidos a Panamá en 1989, con un saldo superior a las tres mil bajas, en su mayoría civiles.
El contacto con la gente local se dio inmediatamente y en distintos órdenes. Alguien me había ofrecido ostiones frescos, todo era cuestión de encargarlos con anticipación o muy temprano por la mañana. El día que me decidí a hacer el pedido estaba sentado en una mesa con cinco o seis jóvenes locales, degustando una Corona. “Va’charle balas al cañón?”, me preguntó uno de ellos al tiempo que volteaba a ver a mi mujer. Todos soltamos la carcajada, incluida ella, que, para sorpresa de los locales, no solamente hablaba español de manera fluida sino también entendía chistes y albures. Esos instantes eran una oferta infinitamente superior a la docena de ostiones por 20 pesos.
Conocimos a grandes personajes de Chacahua como el electricista del pueblo, Benigno “El Maligno”; Marcial, que entonces era el policía o encargado de la seguridad local por poseer una vieja pistola que había heredado de algún pariente difunto; el tocayo, temeroso de que Chacahua fuera invadido un día por las grandes cadenas hoteleras a pesar de ser una reserva ecológica, y Paulina, una niña que llegó ofreciéndonos pescadillas y terminó aprendiendo a leer el reloj conmigo. En Chacahua también coincidimos una noche con un violinista italiano que, con tal de vivir una temporada en Playa del Carmen, había invertido su talento musical en un mariachi que peregrinaba por los hoteles de Cancun hasta que se hartó y se enroló en la Orquesta Sinfónica del Estado de México, dirigida por el Maestro Enrique Bátiz. Esa velada jugamos dominó y la pareja contrincante estaba formada por un exfutbolista español ahora convertido en cheff, y otro vacacionista mexicano que había llegado con la intención de quedarse una semana pero ya llevaba un mes en la playa y no tenía para cuando volver a la ciudad.
Las puestas de sol, las llegadas de la luna, el oleaje violento azotando la playa en la madrugada, el pescado y los mariscos frescos, la laguna, sus manglares y aves, el mezcal hecho en casa, las enramadas, los huevos oaxaqueños de Doña Juana y sobre todo la gente, hicieron de Chacahua un microcosmos al que acudimos puntualmente cada año durante un lustro después de ese primer encuentro, hace doce años. El romanticismo de la playa semivirgen fue modificándose poco a poco: Doña Juana cambió las cabañas rústicas por cuartos de concreto con techo de palma y aparecieron innumerables bungalows que albergan a los jóvenes vacacionistas en temporada alta. También se multiplicaron sin control las enramadas con servicio de comedor sobre la playa y el par de baños públicos, que inicialmente contaban con una cortina de plástico como puerta -debajo de la cual había que sacar un pie para indicar que estaba ocupado-, fueron equipados con escusados nuevos y puertas de herrería.
jueves, 15 de enero de 2009
Una revista y un ensayo
Con el motivo de iniciar el año con buena intenciones y con el deseo de promover un dialogo positivo acerca de nuestro querido México, me permito presentarles la revista Este País, que en su edición por Internet ofrece algunos de sus artículos de forma gratuita.
Mi querido padre era suscriptor y a mi me patrocino la suscripción por todo un año ( siendo un poco penoso decir que en algunas ocasiones las revistas me llegaban antes que a él).
Uno de los últimos ensayos que leí habla de los retos de la clase media en México y como atendiendo los problemas de esta clase se puede mejorar la situación nacional. Es un ensayo corto (dos paginas) que bien vale la pena leer con una mente proactiva. Quizas esta frase de Eurípides encapsule el mensaje que muchos oidos tienen que escuchar: “[Hay] tres clases de hombres en una ciudad: primero, los ricos: inútiles y siempre ansiando con ardor aumentar sus caudales; luego, los pobres, que aun de lo necesario para la vida están faltos. Fácil presa de las malas doctrinas. Peligrosos, porque crían odio en sus almas y seducidos por otros, se abalanzan contra los que tienen bienes. De estas tres clases, es la media la que salva a las ciudades. Guarda el recto orden y salva a la comunidad.”
miércoles, 14 de enero de 2009
Vaya comienzo de año...

Ni siquiera dos semanas han transcurrido del año en curso y los eventos acontecidos a nivel mundialhacen que el panorama no resulte nada halagador. De verdad que me gustaría escribir mi primera entrada del año con un tema más optimista, pero tampoco puede uno pretender estar en Disneylandia - aunque Noruega a veces pareciera serlo - e ignorar la realidad.
Por un lado, los síntomas de la recesión económica siguen manifestándose a todo lo que da: tanto Estados Unidos como Europa presentan cifras de desempleo que no se habían alcanzado en los últimos 20 años, las bolsas de valores continúan desplomándose (¿más?) y diversos países aprueba sus paquetes económicos y anuncian las medidas "duras pero necesarias" a tomar para sobrellevar la crisis durante los próximos años. Lo que es un hecho es que mucha gente perderá su empleo, muchos otros vivirán con la incertidumbre de perderlo de un momento a otro y los más tendremos que ser cautos con nuestros gastos de ahora en adelante.
Pero la noticia que más impacto ha generado es la invasión a Palestina a manos de Israel. Por supuesto que los medios se han apresurado a aclarar que se trata de “operaciones militares en la franja de Gaza dirigidas en contra de Hamas” – odio cuando les da por utilizar el término “ataques quirúrgicos” - , pero mejor llamemos a las cosas por su verdadero nombre. Esto se trata de una vil ocupación contra un Estado, en donde los primeros en pagar las consecuencias son los civiles, más cuando se trata de una zona tan densamente poblada como Gaza. Mil muertos han producido los ataques al día de hoy.
Lo que más me molesta de estas situaciones es que los que venimos a pagar los platos rotos, en mayor o menor medida, somos aquellos que poco tuvimos que ver en el asunto. Saber que estas situaciones fueron previsibles y evitables pero que, como casi siempre, el interés propio se antepone al interés común sin importar el precio a pagar. Grandes bancos que se dedicaron a otorgar créditos al por mayor con el fin de incentivar el consumo, consorcios y países que presumían de una solidez financiera la cual estaba basada en capital ajeno y políticos y jefes de estado que toman decisiones basados en los índices de popularidad, al fin que qué tanto son tantitos muertos, ya sea por el hambre o por las balas.
Pero bueno, suficiente de cosas negativas y desalentadoras. Si bien esta entrada no pudo ser más optimista debido al entorno actual, es un hecho que el año nuevo también traerá oportunidades y cosas positivas para cada uno de nosotros y al final el balance no será tan malo. Yo por lo pronto me dispongo a disfrutar de mi primer evento importante del 2009 así que sin más por el momento me pondré a hacer maletas, alistaré el paladar y dejaré a la osledad bien guardada, aunque sea por un rato :-)
jueves, 8 de enero de 2009
Entregas postergadas I. De Navidad
1
Tenía 8 ó 9 años. No importa, igual estaba enamorado. Se llamaba Aurora y ví su aura cuando apareció a contraluz por la puerta del salón de clases. La sentaron en primera fila, a cuatro de la mía, una distancia infinita y sin embargo necesaria para no obviarlo todo. Aún así, sus ojos grandes me descubrieron espiándola con ganas de robar su imagen para siempre; ella no dejó de verme hasta que yo fingí mirar a otro lado.
La transformación no fue radical: influenciado por algunas de las canciones románticas que escuchaba a escondidas, asumí la práctica de un amor platónico y me conformé con contemplar a Aurora entre la muchedumbre del recreo. Ella lo sabía. Lo sabía porque de vez en vez volteaba hacia mí, a veces con disimulo mientras platicaba con otros, y en ocasiones de súbito con la intención de sorprenderme en pleno vouyerismo, sin conseguirlo.
Uno de esos días con lluvia de chipi chipi y olor a tierra que me provocaban antojo de barro, Aurora se acercó para que le prestara mi sacapuntas. El sacapuntas. Le pareció simpático porque tenía forma de cohete espacial regordete. La miré lo más fijo que pude, casi de perfil, y le dije que su nombre significaba “amanecer”. Se quedó más callada de lo que yo había estado todos esos meses desde que la ví por primera vez y de perfil, y sin mirarme, me dijo que en dos semanas se mudaba de casa y de escuela. Dejó el regordete cohete espacial al naufragio de mi pupitre y a mí me lanzó tan lejos como los cohetes de verdad podían llegar. Ya estando en su lugar se viró para decirme “gracias”. Lo leí en sus labios.
Edipo tenía un complejo sustituto pero mamá atribuyó mi abulia a una probable anemia, sospecha que el Dr. Chávez confirmó tan solo verme. Nueva ronda de vitaminas inyectadas -extracto de hígado de tiburón- para contrarrestar lo flaco y ojeroso, como si lo óptimo fuera tender a la obesidad que castigaba a mi hermana. Su sobrepeso era premiado con presentes que aligeraban la conciencia de mis padres, como el dalmata de peluche que decidí robarle para dárselo a Aurora el último día que compartimos escuela.
Aproveché el recreo para depositar el dalmata en su mochila como ladrón en viceversa, sin más testigo que la foto del Presidente Juárez. Desde lo alto de su perspectiva, los ojos de Don Benito miraban todo en el salón de clases faltando así el respeto al derecho de la intimidad.
2
Era imposible concentrarme en los aparadores, tropezaba con los puestos ambulantes y, entre tanta gente caminando en todas direcciones, me sentí el vórtice de los siete mares. Lanzaba miradas vertiginosas que registraban todo y enfocaban nada cuando apareció ella en medio del tumulto; disminuí mi andar para confirmarlo y evitar una confusión más pero esta vez no había duda: se trataba de Aurora. El oleaje humano en contrasentido mío la acercaba lenta y violentamente, a escasos metros de nuestro inevitable cruce ella también me vió y por primera vez le fue imposible mantener la mirada. La bajó, la dirigió a cualquier lado, la escondió, se transportó a otro espacio. Al pasar uno al lado del otro fue inevitable rozar nuestros hombros, nuestros brazos y algunos sentimientos. Aurora se mantenía a la vanguardia y esta vez me superaba por mucho: teníamos 15 años y mientras yo me estrenaba en la pubertad, ella había debutado como madre. Los ojos grandes de la niña que llevaba en brazos me descubrieron espiándola y no dejaron de verme hasta que fingí mirar a otro lado.
sábado, 20 de diciembre de 2008
Otoño-Invierno

Es domingo, no sé si de noviembre o diciembre pero está frío. Y yo estoy solo y así me siento.
Tengo zapatos nuevos para el invierno; ella que me quiere dijo que son para el otoño: no se mojan pero carecen del forro interior que mantiene los pies calientes. No tengo alternativa, serán mi calzado de otoño-invierno, como anuncian las modas que copian lo pasado y se bautizan posmodernas.
No es tarde pero está nublado y oscureciendo. Las calles están mojadas, o congeladas. Tienen algo de nieve. Los domingos de solo, como éste, me gusta caminar por el centro de Oslo. Sin romerías, al borde del abandono. Si acaso me cruzo con un par que continua la juerga sabatina, o con aquellos recién llegados a la estación central.
Debe ser noviembre, todavía hay de esas hojas entre rojas y amarillas que delatan la zona hepática del año. Aunque, no sé, no estoy seguro, parece más diciembre por lo congelado. Me cuesta trabajo caminar sobre el suelo escarchado con zapatos nuevos. Quiero aflojarlos, no me aprietan pero están duros y mis pies empiezan a enfriarse. Deben ser zapatos para el otoño, como dijo ella que me quiere.
En la tienda de discos tienen puesto a Radiohead: You're just like an angel/ Your skin makes me cry. Del local vecino, alguna sucursal de Narvesen o Deli de Luca, viene la respuesta: Je ne t'aime plus/ Mon amour/Je ne t'aime plus/ Tous les jours. La osledad es esencial en la creación de historias trágicas, cada evento acontecido bajo su tutela es una señal que nos permite descifrar el complejo fenómeno emanado de los sentimientos. Absurdo y total, vacío de contenido, único, esencial, todo y nada. Doloroso como se romantiza antes de conocerlo; difícil como la realidad; mágico como el beso.
Camino en círculo, o en rectángulo, no sé, pero otra vez me vuelvo a cruzar con el par de hace un rato. La fiesta ha terminado y, por los ojos de ella, intuyo que para siempre. I wish I was special/ You're so fucking special/ But I'm a creep, I'm a weirdo.
El centro de la ciudad sigue abandonado pero las calles de Oslo no las poseemos los escasos trausentes de medio día, por el contrario, somos un elemento más del contexto, parte y víctimas de la osledad. What the hell am I doing here? I don't belong here.
Los dedos de mis pies pueden recibir el calificativo de entumidos. Mis pasos se tornan cada vez más torpes con los zapatos para el otoño. Llegando a casa descubro que mi intento de aflojarlos funcionó a la inversa: tengo una herida en ambos tobillos, y quitarme los calcetines ha devenido en tortura involuntaria por la sangre que ha adherido el textil a la piel.
Sigo pensando en la pareja que ya no es. De haber estado en México y de haber sido yo la de los ojos, me hubiera gustado caminar hasta Plaza de Santo Domingo sufriendo el flagelo de mis zapatos, para abandonarme a la experiencia de algún escribano que me ayudase a redactar una misiva con la que pudiera desahogarme, aunque ya no recuperara nada.
En un par de horas regresará ella que me quiere con nuestros hijos. Yo también le quiero. Ellos son mi beso mágico. No les platicaré nada de la osledad, aunque tal vez les comente algo de la pareja que dejó de serlo.
No es de noche pero ya oscureció. Debe ser diciembre: está empezando a nevar de nuevo.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
No queremos revolución, queremos educación!
Cada cien años se arman los cates en México. La situación del país en el 2008 nos tiene al borde de escribir una nueva y larga pagina roja en nuestra historia. Como confrontamos la espada de la venganza y la pared de la apatía?
Que pienso de este discurso arengoso que lentamente se esta redistribuyendo por el planeta? No propone solución pero si muestra la causa del problema: la ignorancia y peor aun, la apatía nuestra. Lo que mas me calo del mensaje es lo que dijo acerca de nosotros lo mexicanos residentes en el extranjero, que traemos en nuestro morral el buen gusto por la comida picosa y el sabor por la música ranchera, también traemos a ese monstruo interno que busca la forma de tranzar al jefe, al del transporte publico, al que se deje.
No es la primera vez que alguien habla del problema y hasta se han creado museos para despertar la conciencia cívica. También en este discurso menos acido Denisse Dresser nos dice que vivimos en un México prestado (aquí los sacos tienen todas las medidas y van repartidos por igual). Ella si identifica y propone soluciones.
Es por eso que le cambie el titulo a esta platica. Antes se llamaba "A un año del centenario de la Revolución Mexicana" y también pensaba algo picaron como "Que rima con Revolución? pues Educación!!". Yo no soy revolucionario ni tengo las agallas ahorita para regresarme a México y empezar una nueva universidad. Sin embargo, debe haber algo que yo pueda hacer desde aqui, alguna forma de participar.
Este cambio activo necesita inspiración y mucha transpiración. El joven de esta charla me inspiró en su forma muy creativa para enfrentar el reto educativo: educa a los futuros lideres. Los exhorto a que lo escuchen y entonces si a participar, a actuar, a crear con dinamismo, con coraje moral y sobre todo, con amor a México.
Que pasara dentro de un año? o en el próximo decenio? o en los próximos cien años? ojalá podamos participar en alguna forma en esa revolución educativa y desterremos esos monstruos, uno por uno y de a uno en uno.
viernes, 21 de noviembre de 2008
El pase a Sudáfrica peligra
Estuvimos muy cerca de quedar eliminados del Hexagonal final clasificatorio al Mundial de Sudafrica 2010. Un golecito de último minuto frente a Canadá nos salvó, incluso Honduras pudo habernos goleado y dejarnos fuera en el último partido. Porqué el Tri con todo y su legión de europeos y nacionalizados, sus sueldos millonarios y su entrenador sueco de lujo batalla tanto al enfrentar a selecciones tan débiles como Honduras o Jamaica?
Me parece que no hay una razón única que explique el bajo nivel del equipo de todos. Lo más fácil es culpar al entrenador, pero al margen del desempeño de Sven-Göran Eriksson, hay muchas otras razones de nuestro bajo nivel:
Los torneos cortos: Desde que aparecieron los torneos cortos en la liga mexicana, los entrenadores están mucho más presionados a entregar resultados, lo que ha significado que muchos de ellos prefieren contratar jugadores con experiencia o extranjeros en lugar de darle oportunidad a los jóvenes. El mejor ejemplo de ellos es que Santos Laguna ha contratado a Cuauhtémoc Blanco, a sus 35 años, como refuerzo para la liguilla.
Los extranjeros: El número de extranjeros permitidos por equipo es de 5. Si se limitara a 3, habría muchas más oportunidades de fogueo para los jugadores locales, no se digan los delanteros, ya que siempre son extranjeros los que ocupan los primeros lugares en la tabla de goleadores.
La Primera "A": Yo recuerdo que cuando era niño, la Primera "A" (en ese entonces 2a. división) tenía límite de edad y no permitía jugadores extranjeros. Hoy se ha convertido en un asilo de veteranos y extranjeros que ya no tienen la capacidad para jugar en 1a. división.
Los partidos de preparación: Tiro por viaje, el Tri sostiene sus partidos de preparación en Estados Unidos, con jugadores suplentes y la mayoría de las veces enfrentando a equipos de bajo nivel. Estos juegos sirven de muy poco en lo deportivo, aunque ciertamente dejan buen dinero a la federación. Qué diferencia sería si el Tri hiciera una gira por Europa y jugara contra equipos como Inglaterra, España o Rusia.
Los medios de comunicación: Televisa y TV Azteca no se cansan de explotar ese producto llamado Selección Nacional. Programas especiales con enviados que con 20 días de anticipación analizan al "enemigo íntimo", comentaristas y analistas que se encargan de repetirnos que contamos con la mejor generación de jugadores de la historia, y que a la luz de los resultados negativos lanzan verdaderas campañas para destituir al técnico en turno (como ocurrión con Hugo Sánchez y ahora ocurre con Eriksson).
Sin embargo, pese a todo lo anterior, México sigue teniendo una liga con un nivel superior a las del resto de la CONCACAF. Igualmente tenemos mejor infraestructura y un entrenador con experiencia internacional, y finalmente una base de jugadores que juega en Europa - amén de los naturalizados, razón por la cual los hondureños comenzaron a llamarnos "sudamexicanos". Entonces, porqué el nivel de juego del Tri ha sido tan bajo en la eliminatoria? Exceso de confianza? Vedettismo? Cuidarse las piernas? Miedo? Falta de nacionalismo? Dónde quedó el grupo de chavos que se la rifó en Perú en el 2005 y fue Campeón del Mundo? Dónde estás Chucho Ramírez???
Si México sigue jugando como hasta ahora, que a nadie le extrañe que no califique al Mundial... el fantasma de Honduras '81 se nos puede aparecer.
Videogalería
México vs. EUA (Eliminatoria al Mundial 2010)
Resumen del dramático partido contra los gringos jugado el 12 de agosto en el Estadio Azteca, en el que México se jugaba la vida ...
Noruega vs. Escocia (Eliminatoria al Mundial 2010)
Ese mismo día, también Noruega se jugó su última carta para manterner sus posibilidades vivas para asistir a Sudáfrica.